lunes, 21 de mayo de 2007

Despertar

Suena el despertador y decides esperar a que vuelva a hacerlo. No tienes fuerza para abrir los ojos. Ni ganas. Ni razones.

Cuando ha pasado una hora con esa musiquilla desagradable y aborrecible que se suelen poner a las alarmas de los móviles disturbando tu letargo cada 8 minutos te convences de que ya es hora de levantarte.

Son las 12:00.

Buscas algo de música que te apetezca escuchar. Difícil elección. Tienes todo tan oído que las primeras notas de cada canción te aborrecen y cambias frenéticamente de disco sin encontrar nada. Al final… Sabina, es de los pocos que nunca cansa.

Te tiras de nuevo en la cama. Esos minutos desde que dices que te levantas hasta que finalmente lo haces saben a gloria. Con la persiana entreabierta, música tranquilita y notando como cada una de las partes de tu cuerpo se estiran poco a poco. Todos los músculos relajados… ya iré a clase otro día.

Uno mas uno menos… acabas sin tener remordimientos.

“¡Qué dulce es una cama regalada!
¡Qué necio, el que madruga con la aurora,
aunque las musas digan que enamora
oír cantar un ave la alborada!

¡Oh, qué lindo en poltrona dilatada
reposar una hora, y otra hora!
Comer, holgar..., ¡Qué vida encantadora,
sin ser de nadie y sin pensar en nada!

¡Salve, oh Pereza! En tu macizo templo
ya, tendido a la larga, me acomodo.
De tus graves alumnos el ejemplo

me arrastra bostezando; y, de tal modo
tu estúpida modorra a entrarme empieza,
que no acabo el soneto... de per...”



Saludos pa' tol que veo.

domingo, 6 de mayo de 2007

En casita

Esto si que es raro. He vuelto a España por unos días. Ahora estoy en Teruel, en mi habitación.

Me siento una extraña en mi propia casa.

No tenía pensado volver hasta que no acabase el curso, pero aquí estoy. Conforme se acercaba la fecha de coger ese avión tenía más ganas de ver a la gente que dejé aquí en Septiembre, y más tristeza de despedirme de los que se quedan allí, aún a sabiendas de que sólo me iba por 6 días.

Ahora tengo ganas de volver a Florencia. Aunque antes de ello me apetece quedarme un día en mi habitación, sin hacer ni deshacer maletas, sin pensar en quién me queda por ver antes de irme de nuevo o en a qué hora tengo que coger el próximo autobús para ponerme en marcha otra vez.

Necesito un tiempo para mí. En Florencia eso no existe, siempre hay algo que hacer (cosa que me encanta, no nos equivoquemos). Pero aquí y ahora necesito tranquilidad, y ni siquiera en mi casa, con mi familia, puedo encontrarla.

Demasiado ajetreo.

Necesito tiempo para pensar.

Ahora tengo que irme otra vez, tengo toda la tarde ocupada. A ver si mañana puedo descansar...

Hasta la próxima. Saludos pa mis fiorentinos, ¡que os echo de menos! :D